A continuación Omar Fernández de la Cigoña (Facilitador Certificado en TRE®) describe la experiencia de su pareja con TRE® y los temblores neurogénicos durante el embarazo y el proceso de parto. Y ella, Mireia, nos deja su testimonio en audio (al final, 8 min aprox).

Lo descrito y explicado es una experiencia concreta y subjetiva.

Como sabemos, no se han realizado estudios científicos suficientes para afirmar que los temblores neurogénicos sean beneficiosos para las mujeres embarazadas, aunque la práctica muestra que es muy probable que así sea.


Antes de quedarse embarazada, Mireia había experimentado 2 o 3 veces con TRE® en sesiones grupales.

Con la noticia del embarazo, una de las preguntas que surgió fue: ¿de qué manera prepararse para afrontar el parto de la mejor forma posible?

Recordé un video, en el que una facilitadora americana de TRE® utilizaba los temblores neurogénicos durante su embarazo y luego para hacer más fácil su proceso del parto.

Tras mostrarle el video a Mireia y hablar sobre ello, decidió que sería interesante practicar TRE® de forma regular.
Lo que pretendía con ello era:

  • Preparar la zona pélvica, liberando tensiones acumuladas.
  • Disponer de una herramienta para el momento del parto que permitiera vivir las contracciones de una manera más relajada.
  • Establecer una práctica en los meses previos al parto con el fin de integrar el mecanismo y poder permitir que surgiera espontáneamente.

Iniciamos la práctica a través de sesiones individuales, dos días por semana.

Tras varias semanas sintió la confianza suficiente para practicar por sí misma, por lo que alternamos sesiones facilitadas con sesiones autónomas. Tras un par de meses, las sesiones estructuradas (dos veces por semana a una hora determinada) fueron dando paso a un uso de TRE® más fluido, cuando ella sentía que era el momento.

Ya disponía de un buen enraizamiento y una buena autorregulación.
Según su percepción, los temblores que experimentaba estaban localizados en la zona del psoas, pelvis/cadera y abdomen/barriga.

Desde fuera, la vibración se veía fluida, sin cortes ni movimientos excesivos, con una bonita vibración que alcanzaba desde las piernas hasta la parte superior de su abdomen.

Al inicio de la práctica, cuando apenas tenía barriga, podía temblar estirada.
A medida que el feto fue creciendo, esta posición empezó a ser incómoda y la que estableció fue semi-recostada, apoyada en la pared con cojines.

Durante los meses de embarazo, cuando Mireia hacía sus prácticas fue consciente de:

  • Momentos de conexión íntima consigo misma, así como con el feto (descritos como “momentos de presencia”).
  • Liberación emocional de las tensiones derivadas del embarazo, como miedos y preocupaciones.

Tras la práctica, las sensaciones experimentadas eran de calma, tranquilidad y de haber liberado tensiones corporales y emocionales.

El parto

Durante las primeras horas del parto, ninguno de los dos pensó en los temblores como posible herramienta para gestionar el dolor.
Mireia estaba centrada en la respiración y en mantener su cuerpo relajado entre contracciones y yo en apoyarla en ese proceso.

Pero en un momento determinado, al ver la posición en la que estaba acostada, similar a la elegida los últimos meses practicando TRE®, le propuse que probara a evocar los temblores. Casi al mismo momento en el que ella decía “no sé si seré capaz” y dirigía la atención a sus piernas, éstas empezaron a vibrar.

En ese momento, nos miramos y reímos.

A partir de entonces, los temblores la acompañaron las siguientes horas hasta dar a luz.
Fue un parto largo de 29 horas.

Los temblores estaban allí sin que Mireia tuviera que hacer nada para controlarlos o evocarlos.
Paraban y se iniciaban “a voluntad”.

Mi sensación era que estaba siendo muy natural para ella, aún así fui preguntándole cómo estaba viviendo temblar en ese momento.

Quería comprobar que estaba teniendo una buena autorregulación.

Según ella el temblor le estaba ayudando a:

  • cambiar la percepción del dolor de las contracciones, disminuyéndolo.
  • le permitía centrarse en otras sensaciones corporales más allá del dolor.
  • la vibración le ayudaba a destensar la musculatura, lo cual le permitía recibir más tranquila las contracciones y descansar entre una y otra.

En la fase expulsiva la vibración desapareció, el empujar para que el bebé saliera ocupaba su lugar.

Éramos padres.

La vibración espontánea volvió a aparecer en el post-parto, momento en el que todo su cuerpo vibró intensamente.

Cuando necesitaba descansar, sabía que podía hacerlo.
Así que paraba, regulaba y su cuerpo se relajaba.

Los temblores aún volvieron unos minutos, aunque en menor intensidad, hasta que desaparecieron.

Debido a las condiciones particulares de nuestra hija, el parto fue inducido, primero con prostaglandina y luego con oxitocina.

Durante las largas fases en este proceso, los monitores fetales indicaban contracciones de gran intensidad, y ella externamente mostraba una capacidad de acogerlas con una calma que me llamaba la atención.

Es difícil atribuir la causa de ello a una sola variable, pero puedo imaginar que, además de las técnicas de respiración utilizadas, los temblores neurogénicos tuvieron un papel importante.

Un indicador para mí fue el antes y el después del inicio de los temblores: antes de conectar con la vibración, cómo yo percibía su grado de dolor (en función de lo que ella expresaba a través de su cuerpo) era mayor que una vez vibrando.

Un aspecto que me preocupaba sobre los temblores en el momento del parto era la percepción de los mismos por parte del personal médico, ya que la literatura médica toma los temblores como un signo patológico.

Por suerte, la actitud del comadrón que nos acompañó me sorprendió gratamente.
Lejos de interpretar los temblores como una señal patológica, lo consideraba normal. Según él, ocurría con cierta frecuencia que una mujer temblara durante este proceso.

Si tenemos en cuenta los objetivos que se propuso Mireia en su primer trimestre de embarazo al iniciar TRE®, podemos decir que la práctica ha sido beneficiosa para ella, tanto durante el embarazo como en el momento del parto.

Aunque lo más importante, más allá de esta afirmación intelectual, es que ella siente que la decisión de introducir TRE® fue acertada y está contenta con ello.

TRE es una práctica sencilla, integrable en la vida diaria y que requiere poco esfuerzo.

Creo que puede ser de gran ayuda para las mujeres como parte de su preparación al parto.

En este proceso, es fundamental, también incluir a la pareja/acompañante, para que sepa lo que está sucediendo en el cuerpo de la mujer y que incluso pueda llegar a colaborar en el proceso desde la corregulación. Y si también tiembla, ¡mejor que mejor!

Quiero resaltar que la herramienta es útil cuando se alcanza un buen nivel de autorregulación y enraizamiento porque ha habido un buen proceso de acompañamiento/facilitación en los inicios.

Espero que en el futuro podamos corroborar que TRE® es efectivo más allá de experiencias puntuales y pueda extenderse a muchas mujeres para ayudarlas en su proceso de preparación al parto y parto.
Y podamos temblar sin miedo.

Testimonio de Mireia:

Por Omar Fernández de la Cigoña.
Facilitador Certificado en TRE®