¿Qué tal si entramos en un paradigma holístico del cuerpo?
Hoy en día, hay un paradigma estándar del cuerpo, que lo considera como un «objeto aislado». Y hay otro paradigma que lo considera como un todo integrado.

¿Qué tal si sintiéramos a nuestros músculos como un tejido inteligente que se expresa y que es elemental y universal?

Esta visión más holística del ser humano nos permite observarnos como un proceso vivo que se expresa y cambia de manera dinámica y esto está de fondo en cualquier práctica de TRE®.
Este cambio de perspectiva ofrece un modelo de empoderamiento para la autocuración, la flexibilidad y la resiliencia.

¿Has probado alguna vez ir en bicicleta un buen rato y luego de bajarte ponerte a correr?

Literalmente no vas a poder correr erguida/o.

Es una manera fácil de percibir cómo se siente el exceso de tensión o acortamiento, que ha soportado el principal grupo muscular implicado mientras pedaleabas.
El equipo psoas-ilíaco es clave para movilizar las piernas.

Nos interesa no perder esta visión: los músculos SIEMPRE, SIEMPRE trabajan juntos, se interrelacionan para crear movimiento. Por lo tanto, NUNCA, NUNCA trabajan solos.
SIEMPRE trabajan colaborando en equipo.
Cada uno sabe muy bien cual es su papel y además SIEMPRE colaboran con sus vecinos.

Para esta comunicación y coordinación hay toda una red miofascial empleada para conectar todo lo interno. También conocida como FASCIA (pero a esta la dejamos para otro día 😉).

Las investigaciones indican que el psoas es vital para nuestro bienestar psicológico además de la salud estructural.
Liz Koch, autora de Core Awareness y The Psoas Book, afirma que:

«el psoas encarna literalmente nuestra necesidad más profunda de supervivencia y, más profundamente, nuestro deseo elemental de florecer».

Esto significa que hay mucho más en el psoas de lo que se podría pensar inicialmente.

El psoas mayor y el ilíaco son dos músculos que comparten un mismo punto de inserción en el fémur formando el llamado conjunto iliopsoas.

El psoas es el único músculo en el cuerpo humano que conecta la parte superior del cuerpo con la parte inferior del cuerpo.

También se conecta al diafragma a través de una capa de tejido fascial, por lo que también está conectado a la respiración.

El psoas está profundo dentro del abdomen y por eso se necesita algo más que la mano de un terapeuta o estiramientos estáticos para desbloquearlo o liberarlo de su rigidez y exceso de tono. Aunque toda ayuda es bienvenida.

El psoas es también el mensajero primario del sistema nervioso central, por lo que es considerado un portavoz de emociones porque se ve afectado por el ritmo de la respiración, por el miedo reflejo y la ansiedad.
Liz Koch cree que esto se debe al vínculo directo entre el psoas y la parte más antigua de nuestro tronco encefálico y la médula espinal, llamada cerebro reptiliano.

Según Koch:

«Mucho antes de que se desarrollara la palabra hablada o la capacidad de organización de la corteza, el cerebro reptil, conocido por sus instintos de supervivencia, mantuvo nuestro núcleo esencial de funcionamiento».

Un estilo de vida basado en la acción contínua, es la base del estrés: constantemente corriendo, compitiendo y logrando.
Esto hace que podamos preguntarnos sobre lo contraído que está el psoas :
¿Cuánto exceso de tensión y acortamiento hay en mi psoas?

Porque esta información es interpretada por el sistema nervioso autónomo y su reacción natural es activar la química del estrés y por tanto el estado de “lucha o huida» o de encogerse para protegernos (posición fetal), siguiendo el instinto inteligente de supervivencia.

A los niños es fácil verlos reaccionar delante de una situación que les ha producido miedo colocándose en posición fetal. Es algo innato, instintivo, en ese momento no lo pueden evitar por más argumentos que le des.
Es la mejor posición para ese momento, no lo saques de ahí. Déjalo que se proteja. Déjalo que salga por él mismo, cuando el miedo pase, cuando se sienta seguro, saldrá. Siéntate a su lado en silencio y respira en calma, serás así una gran ayuda co-reguladora.

El psoas está tan íntimamente involucrado en las reacciones físicas y emocionales básicas, que cuando está tensionado de forma crónica, está enviando al cuerpo continuas señales de peligro, por lo que puede repercutir en el agotamiento de las glándulas suprarrenales y del sistema inmunológico.

David Berceli en su libro Liberación del trauma: Perdón y temblor es el camino, nos recuerda que:

Al término de un incidente traumático, nuestro sistema nervioso debería desactivarse naturalmente mediante temblores, para eliminar los restantes residuos químicos generadores de tensiones.

Este temblor envía una señal al cerebro, informando de que el peligro ha pasado y que debe apagar el estado de alerta. Si el sistema nervioso no se desactiva, el cuerpo permanece en una especie de cortocircuito circular, donde la mente sigue creyendo que aún está en peligro y, por lo tanto, ordenando al cuerpo que se mantenga en estado de alerta.

Así, nuestros músculos quedan aferrados a una excesiva carga. Si no se les da la posibilidad de liberar esta carga, crean un patrón de tensión crónica en el cuerpo.

Cuando los músculos flexores no vuelven a un estado de relajo después del evento estresante, se tornan vulnerables a continuas estimulaciones con pequeñas cantidades de estrés, creando un círculo vicioso de interminable angustia.

Me pregunté qué pasaría si relajáramos deliberadamente este conjunto específico de músculos que genera el movimiento hacia la postura fetal. Me propuse encontrar una forma para lograr relajar estos músculos tan esenciales.

Recuperar la flexibilidad del psoas, es de suma importancia para que esté disponible para nuestra salud, vitalidad y bienestar emocional.
Todo eso está en nuestras manos a través de las prácticas de TRE®️.

Un psoas liberado permite alargar mucho más la parte delantera de los muslos y permite a las piernas y la pelvis moverse con mayor fluidez e independencia.
Crea una alineación pélvica neutra, estabiliza las caderas, apoya la parte inferior de la columna y el abdomen, sostiene a los órganos en la cavidad pélvica y abdominal y le da una mayor movilidad al cuerpo.

Este músculo es el núcleo de la actividad del cuerpo y cuando funciona bien, tiene el poder de hacer revivir nuestras energías vitales y conectarnos de nuevo con nuestro potencial creativo.

En algunas filosofías orientales al psoas se le conoce como el “músculo del alma”, un centro de energía principal del cuerpo.
Cuanto más equilibrado esté el psoas entre su capacidad de ser flexible y fuerte, más podrá nuestra energía vital fluir a través de los huesos, músculos y articulaciones. El psoas sería como un órgano de canalización de la energía, un núcleo que nos conecta a la tierra, nos permite crear un soporte firme y equilibrado desde el centro de nuestra pelvis. Así, la columna vertebral se alarga y a través de ella, puede fluir toda nuestra vitalidad.

Es el primer camino por el que transita y tiene vía libre la vibración neurogénica.

Ya es hora de reconocer que temblar es una actividad saludable que tiene un origen más fisiológico que psicológico.
La activación y desactivación del eje adreno-pituitario-hipotalámico no son fenómenos culturales o sociales, sino un proceso físico natural. David Berceli