Los sucesos impactantes y potencialmente traumáticos –como catástrofes naturales, atentados terroristas, etc. – suelen provocar en las personas toda una serie de malestares físicos y/o psicológicos. A menudo afectan en un momento dado a un gran número de personas que, si no son convenientemente atendidas y/o tratadas, podrían desarrollar un Trastorno de Estrés Postraumático.
Un evento de este tipo tuvo lugar a principios de este 2021 en nuestro país. Entre el 23 de enero y el 22 de febrero, más de cien terremotos en la Vega de Granada alteraron a la población de la zona, que referían síntomas como: irritabilidad, ansiedad, problemas de sueño, reexperimentación del suceso, dolores o sobresalto repentino.
Este tipo de reacciones físicas y mentales son indicios del tipo de malestares que mencionábamos; que si no se atienden en las horas y días inmediatamente posteriores a la tragedia, pueden intensificarse y volverse más difíciles de sobrellevar o superar. Los expertos aseguran que, ciertamente, puede llegar a comprometer la salud y la productividad de las personas afectadas.
Al ser conscientes del agudo estrés y la ansiedad que los terremotos estaban provocando, desde la Asociación Española de TREⓇ decidimos ofrecer nuestra herramienta con la intención de ayudar a calmar esos sistemas nerviosos, alterados ante la amenaza de peligro real.
Enseguida pusimos en marcha un equipo de seis personas voluntarias, para dar apoyo en la zona de Granada y tomó cuerpo la primera iniciativa solidaria de 2021.
Las sesiones fueron online, a través de videoconferencia. Esto permitió agilizar la organización con facilitadores disponibles de distintas zonas de la península y participantes de diferentes pueblos y ciudades de la zona afectada.
Entre el 9 y el 27 de febrero, los seis facilitadores certificados de TREⓇ ofrecieron entre 5 y 6 sesiones online semanales para dar a conocer la herramienta de manera práctica. Divulgamos la propuesta en el área de Granada a través de nuestras redes sociales y se inscribieron un total de 12 personas (80% mujeres y 20% hombres).
En el cuestionario inicial el 40% de las personas inscritas informaron que estaban tomando algún tipo de medicación, y describieron alguno o varios de los siguientes síntomas:
- Miedo constante
- Ansiedad
- Dolor en el pecho
- Migrañas
- No dormir bien
- Poco descanso
Varias contaron cómo el día que ocurrió el primer terremoto fuerte, sus cuerpos temblaron y la mayoría comprendieron que era algo normal dada la situación. Fácilmente reconocieron la activación de la vibración. Y les explicamos que, efectivamente, se trata de la reacción natural que tiene el sistema nervioso autónomo para descargar el estrés del momento.
Tras los encuentros semanales, en los que aprendieron a activar de manera voluntaria la descarga en sus cuerpos, las personas participantes describieron los siguientes cambios:
- Mayor calma: al comprender por qué el cuerpo se activó con el mecanismo de temblor, cuando ocurrieron los terremotos.
- Alivio: agradecieron mucho sentirse acompañadas y comprendidas.
- Disminución de la sensación de estrés por el miedo que generaba la situación en sí.
- Más tranquilidad y confianza, después de usar la técnica.
Agradecemos a Candi que nos permitiera compartir aquí brevemente su experiencia:
Quiero dejar mi testimonio porque estoy muy agradecida por la dedicación, la profesionalidad y el interés con que han impartido las sesiones. Me resultó muy fácil sentir el temblor con los ejercicios.
Sigo practicando porque es una técnica fácil de aprender y usar por ti misma cuando has realizado varias sesiones con facilitadores.
De momento el día que los hago duermo muy bien y disminuye la sensación de estrés.
Muchas gracias a Carles y Anna.
La vuelta a la normalidad habrá sido diferente para cada persona. La intensidad de lo vivido varía en cada individuo y además lo traumático no es la experiencia en sí, sino cómo se gestiona internamente, a nivel consciente e inconsciente.
Las devoluciones finales nos animan porque revelaron que la intervención del “equipo TREⓇ” contribuyó en cierta manera a restaurar la “neurocepción de seguridad” (calma, alivio, descanso…). Y es que no sólo las palabras son elocuentes sino también los gestos, las voces y las caras. Cuando el cuerpo libera la tensión y estrés acumulados, puede abrirse de nuevo a niveles más profundos de escucha, de conexión y compartir desde ahí.
Así que fue un placer y por nuestra parte, desde la asociación también agradecemos a las personas participantes por su confianza y al equipo de voluntarios por haberlo hecho posible.
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